¿Te avergüenzas de lo vivido?

Iba a llamar a este artículo: “sobre la mujer madura” pero en seguida me he dado cuenta, que con ese título no lo leería nadie. Quizá ni las propias mujeres.

Ser mayor, mujer, divorciada y en el paro, es hoy día como tener la peste. Y hay mucha peste, aunque no lo parezca (recordad la noticia del suicidio de una “mujer normal” de Chamberí a la que iban a desahuciar.) La sociedad se aparta de la desgracia como si fuera contagiosa, y en el mejor de los casos se ignora hasta que salta por la ventana (ver noticia de El Confidencial). No es casualidad que la palabra elegida por Fundéu el año pasado fuera “aporofobia”.

Lo que debemos preguntarnos es porqué ser mayor y/o ser mujer se percibe como una desgracia y en muchos casos como una discapacidad.

El otro día en una comida, con gente de mi edad, mayores, comentaba uno, que cuando tenía un cliente joven, procuraba por todos los medios evitar que supiera la edad que tenía, no fuera a ser que le mirara mal, o que pensara que iba a ser menos capaz. Yo le pregunté si se avergonzaba de haber vivido, de tener experiencia. Pero no acababa de saber como definir la sensación.

Está tan interiorizada esta percepción de persona mayor igual a discapacitado, que creo que, si no somos capaces de cambiarla, deberían darnos un certificado que nos otorgara al menos algún beneficio.

Evidentemente, esto sería una injusticia para las personas que realmente tienen una discapacidad. Pero así está el tema. Y, si además de mayor de 50, eres mujer y divorciada, y en el paro, ya puedes sentarte a pedir en la esquina, que no te quieren ni ver. Literalmente, no quieren ni verte las empresas. No te llaman para una entrevista, no quieren que seas recepcionista (para no dar mala imagen) ni que atiendas de cara al público, y si te pones las gafas para leer el móvil es que ya se mueren de risa. A mi en cambio me indigna que algunos alimentos o instrucciones vengan en un cuerpo 5, que además de las personas mayores tampoco pueden leer los hipermétropes, que los hay de todas las edades.

Incluso algunos creadores, como Alex de la Iglesia (El País 11/02/2017), tratan con cierta condescendencia a las mujeres mayores, a las seniors. En un artículo del año pasado denostaba de alguna manera las sesiones de cine a las que acuden “señoras”. Si, esas señoras que como le contestó Elvira Lindo (El País 12/02/2017), son las que mantienen la industria de la cultura, porque leen libros, van al cine, a charlas, a museos, y a la universidad, aunque no les toque por edad.

Por algún motivo que no entiendo más que a través del machismo, la mujer mayor da un poco de pena. Tiende uno a apartarse de ella. Si hay una cena, debes ir con pareja, si no, corres el riesgo de no ser convocada, como si una no tuviera suficiente entidad por sí misma. Sin embargo, a los hombres sin pareja se los rifan. Si me dejo canas, me estoy abandonando, pero ellos están muy interesantes, los hombres tienen la “curva de la felicidad”, en cambio las mujeres están gordas, y no sigo para no aburrir.

A casi todo el mundo le gusta tener pareja (aunque es solo una opción vital), pero no siempre es posible, sobre todo si eres mujer mayor. Los hombres también prefieren caras jóvenes. Recordad como se rieron de la Duquesa de Alba porque se casó con un hombre muchísimo más joven que ella, y lo que se dijo de Macrom. Sin embargo, apenas se mencionó la diferencia de edad entre Trump e Ivanna. ¿Es tan raro que un hombre joven admire la cultura y la sabiduría de una mujer mayor? ¿no es eso lo que admiran las jovencitas que se casan con hombres mucho mayores? ¡Ah, no! Claro, que las mujeres somos ambiciosas y solo vamos con un hombre mayor por el dinero.

Así son las cosas, y esto ocurre también en las empresas, a la hora de contratar cargos directivos, se inclina la balanza hacia el hombre (para que no se quede embarazada, como si el hombre no tuviera nada que ver en eso; para que no falte por acompañar a los niños al médico, como si no pudiera ir el padre, y así accedemos a puestos peores, peor pagados y con menos pensión en el futuro…). Se busca con ello, creo, además de perpetuar su rol de dominio, una agresividad que las mujeres supuestamente no tenemos o no queremos tener. Se nos acusa de hablar mucho, como si no hiciera falta hablar para llegar a acuerdos y entenderse, o para captar sutilezas. De manera que, si ya es difícil, ser mujer directiva, es muchísimo más ser mujer senior directiva, porque al hecho de ser mujer se suma el descrédito de ser mayor ¡una señora al mando!

A no ser que montes tu propia empresa. Lo cual no es tan fácil como todos sabemos.

Creo que los seniors, hombres y mujeres mayores de 50 años deberíamos empezar a reivindicar nuestra edad como un tesoro, como una experiencia y sabiduría que necesita ser compartida con los jóvenes, y que éstos nos contagien su vitalidad. Que la necesitamos tanto como ellos nuestra experiencia.

No te avergüences de haber vivido, no te avergüences de tus canas, no trates de machacar tu cuerpo con operaciones o tintes o ropa de joven para parecer lo que es imposible, 30 años más joven. Y presume de lo que tienes: experiencia, recursos, habilidades sociales, resiliencia. En resumen presume de lo que sabes.

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