¿Reinventarse o sobrevivir?

El que puede, se reinventa, los demás sobrevivimos. Vamos recalando en tal o cual trabajo, intentas montar algo, y vas un poco de aquí para allá.

En una de estas idas y venidas, me enrolé en una inmobiliaria. Tengo que decir que la actividad me sorprendió gratamente. Al principio me parecía un poco como estar en una especie de secta. Tuve la misma sensación, que Jacobo Armero en: “Historias de un agente inmobiliario”, un relato muy cierto y entretenido de las vicisitudes de un agente inmobiliario. Me gustó mucho y resultó, además, muy didáctico.

En uno de los capítulos habla de la edad media del agente o consultor, o asesor inmobiliario (según la importancia que quiera uno darse) y comenta cómo le chocó comprobar que la mayoría eran personas bien “talluditas” y muchísimas mujeres.

Yo, que soy mujer, y talludita; solo puedo darle la razón. Hay muchísimas mujeres en esta profesión, y seniors, y mucho «verso suelto». Para mí fue una verdadera alegría poder ser bienvenida en un nuevo proyecto, y tener una nueva oportunidad de…¿reinventarme? Lo cierto es que también yo, como él me pregunto: ¿por qué no dan algún tipo de premio a estas empresas que, literalmente, cogen a cualquiera que tenga ganas de trabajar, sin mirar la edad, la nacionalidad, ni el sexo?

Trabajar en una agencia inmobiliaria, es una ocupación dura, quizá es una de las razones por las que aceptan a casi cualquiera. Tienes que estar todo el día en la calle (aunque para mí eso es una ventaja, cansa un poco). Tienes tratar con los porteros de las fincas, auténticos “capos” de barrio, que manejan toda la información y muchas comisiones (que salen del bolsillo del agente, por cierto). Y que utilizan a gusto su pequeña parcela de poder, dándote información o no, según la empatía que consigas tener con él, y que a veces, están más quemados que tú mismo. Otras, son verdaderos filósofos y acertados analistas, con los que pasas un rato agradable charlando sobre la trayectoria del barrio, y las aspiraciones de los vecinos.

Así es el trabajo de cara al público. Conectas con desconocidos e intentas que te escuchen. A veces pasas un buen rato (bastante surrealista) hablando por el telefonillo, allí en mitad de la calle, mientras el agente de otra inmobiliaria merodea esperando su turno. Es como una especie de Camino de Santiago Inmobiliario. Vas de portal en portal, rastreando tu zona. Dentro de poco, los porteros nos sellarán un carné para que conste que hemos ido por allí en nuestra particular penitencia. Otras, el propietario te invita a subir a su casa sin dudarlo un minuto, y te encuentras sin comerlo ni beberlo tomando café con un desconocido que te cuenta sus problemas, que muchas veces son iguales que los tuyos. Gente que te confía sus deseos, llenos de esperanza en tu buen hacer. O bien, son inversores y gente de negocios que saben muy lo que quieren y te facilitan mucho la tarea. En fin, una profesión de todo, menos aburrida donde la psicología y el trato personal son casi el 90% del éxito.

Pero lo que me ha interesado de este tema, sobre todo, es
que es uno de los pocos espacios laborales donde todavía un senior tiene algo
que hacer. Te admiten sin pedir muchas explicaciones. También, es verdad, que
vas solo a comisión, de manera que, si no consigues nada, en cierta medida es
tu problema y ellos no pierden nada más que el tiempo de darte la formación. De
alguna manera es un toma y daca recíproco, ya que tú en ese tiempo les
“ojeas” el área que te haya tocado.

Otra cosa que me ha gustado muchísimo es la gestión de
personas, la forma de motivar al agente, la forma de crear equipo.

Conseguir motivar a una tropa de seniors rechazados y deprimidos (la mayoría desde hace años), para que vendan y se sientan a gusto, es una labor encomiable. Aunque también hay un buen porcentaje de gente joven que no consigue acceder al mercado laboral, son el otro colectivo vulnerable hoy día. Y otro, no desdeñable, de extranjeros, ahora muchísimas venezolanas. Un ambiente dispar y heterogéneo, que siendo tan diverso debería ser muy complejo de manejar pero, que sin embargo, resulta muy enriquecedor para todos y en el que en general hay muy buen ambiente. Confirmando la verdad de que la diversidad es un “plus”.

¿Cómo lo consiguen? Pues es un sistema 100% americano, más viejo que el pan y muy útil. Algo que, cuando estás dentro, parece muy sencillo, pero que al parecer debe ser sumamente complicado de aplicar en el resto de empresas (¡no digamos ya la política!), según mi experiencia previa como empleada por cuenta ajena.

Se trata de crear un equipo en el
que todos nos necesitamos, es la base de la convivencia y de la existencia de
la vida en comunidad. Si tú ganas, yo gano. De esa manera a mí me interesa que
ganes y te ayudo y viceversa.

Pero no es solo eso, tú mismo
tienes que ir aprendiendo cosas que no son tangibles ni medibles, que se
aprenden por intuición o vienen de fábrica, como el instinto, que hay saber
desarrollar y poner en práctica.

Aunque parece que el sendentarismo va marcado en nuestro adn, lo cierto es que muchas personas conservan intacta esa inquietud del cazador-recolector que éramos hace no mucho. Ésta del agente inmobiliario, es una ocupación irregular que te mantiene alerta las 24 horas del día, preparado para encontrar un buen piso, un cliente, un contacto, un traspaso ¡un botín!… Tienes que saber encajar subidones y bajones imprevistos, ser capaz de dominar la impaciencia, la frustración y estar abierto a escuchar. Como buen cazador debes esperar el momento oportuno para hablar y dejar hablar. Es un poco como salir a ligar, si vas convencida, convences, si dudas, te descartan. Recuerdo cuando era más joven, que tenía un amigo realmente feo, sin embargo, entraba en las discotecas con tal seguridad en sí mismo, que arrasaba.

Aprendes muchas cosas que ahora
se enseñan en los talleres de emprendimiento. En la calle no solo eres un
explorador, eres además un emprendedor. Miles de veces he oído eso de “haz un
plan y síguelo”, si no funciona, haces otro y vas descartando, pero no lo dejes
a mitad. Pero no siempre uno solo es capaz de hacerlo. Es más fácil en
compañía. Somos monos y aprendemos por imitación.

En esta travesía del paro en que
llevo inmersa casi tres años, he trabajado en muchas cosas y empezado muchos
proyectos. Tenía cierta idea romántica sobre lo que es ser emprendedor, un poco
lo que lees en las redes sociales, y en artículos de internet. Gente que crea
apps, y de la noche a la mañana las vende por millones. Parece que, con tener
una buena idea, basta, que el mundo se va a rendir a tus pies. Y yo misma
empecé algunos proyectos. Pero no, da igual si haces pan, o si pintas cuadros,
al final eres autónomo, eres empresario de ti mismo y vendes. Y no hay que
olvidar que solo un 5% de las start-ups sale adelante, hay que ser consciente
de esto cuando se empieza cualquier actividad.

¿Por dónde debes empezar? Debes primero, marcarte un objetivo, claro y realista, y segundo trazar un plan para conseguirlo. Pero, sobre todo, debes saber que tendrás que sembrar durante mucho tiempo y que tardarás en recolectar. Las “start-ups” y en realidad casi cualquier empresa, tardan un mínimo de dos años en ser rentables. Eso hay que planificarlo y tenerlo muy muy claro, para no desanimarse y, además, contar con que habrá que vivir de otra cosa mientras tanto, o bien buscar inversores. Business Angels, les llaman también (ahora a todo se le pone un nombre inglés y ya parece otra cosa), que lo mismo invierten en bolsa que en nuevas empresas, es decir, asumen el riesgo en base a una promesa. Ahí debes echar todo tu encanto y convicción personal, debes vender tu sueño. Es lo de siempre, debes venderte a ti mismo. El problema es, que todos vendemos algo y pocos compran.

Otras empresas que también cuentan con mayores para su actividad (digo cuentan ya que decir que contratan, no es acertado, en realidad son siempre contratos mercantiles de autónomo) son las compañías de seguros.

Aunque parece una actividad muy
aburrida y tiene muy mala prensa, conviene recordar que los seguros se basan en
la solidaridad. Tú pagas una cuota que puede revertir en tu beneficio o no,
pero que siempre ayuda a solucionar el problema de los otros.

Al principio piensas que un
agente de seguros es un agorero, un predicador de la desgracia. Pero la verdad
es que está a mitad de camino de un periodista de sucesos y un investigador
privado. Creo que es un buen trabajo para todo el que tenga hijos adolescentes.
Ya sabes, esas largas noches en las que piensas todo tipo de desgracias hasta
que llegan a casa, te convierten en un experto en imaginar situaciones
difíciles y un master en destapar mentiras.

Frente al agente inmobiliario, el
de seguros tiene la ventaja de que, normalmente inversión que debe hacer el
comprador es mucho menor y tiene fecha de caducidad, de manera que parece más
sencillo conseguir clientes. Digo parece, porque luego tendrás que aplicar
también toda tu sabiduría de cazador-recolector o de ligón de discoteca, según
la personalidad de cada uno.

Son profesiones inseguras y con
una enorme rotación de personal en la que acomodarse resulta difícil. Y eso es
muy bueno, es cansado, pero te mantiene joven. Hay que ser muy optimista, desde
luego. Como ventaja tienen las comisiones elevadas, que puedes conseguir y por
otro, la libertad horaria y de acción. Eres el dueño de tu tiempo y tus
acciones, aunque eso sea un arma de doble filo. Significa la mayoría de las
veces trabajar sin descanso, ni casi vacaciones, pero te sientes libre. Hay
personas que odian la libertad y solo son felices cuando les mandan y todo es
previsible. Antes de nada, conócete a ti mismo.

Las VTC también contratan a
seniors, en este caso no se tiene mucha libertad, de hecho, estás confinado en
una cárcel móvil de poco menos de 2×2 metros. Aquí lo que eres es un confesor.
Frente al conductor de taxi, que suele hablar por los codos y te impone su
música, su fútbol y sus trayectos, el conductor de VTC, solo tiene permitido
escuchar, y contestar brevemente.

En ninguna de estas profesiones se
gana mucho dinero, en algunas al menos tienes la esperanza de poder ganarlo, en
el caso de las VTC, sólo un pequeño extra.

Para algunos serán actividades muy recomendables, para otros un infierno, pero al menos es un hueco en el que nos admiten a los seniors. Habrá que tenerlo en cuenta. Casi a la edad de jubilarnos, tenemos que empezar de 0 ¿oportunidad o desgracia o las dos?

Cuando vas al paro pasados los 50, siempre tratan de animarte diciéndote que es una oportunidad, que podrás reinventarte. ¡Que se reinventen ellos! Yo, de momento, sobrevivo y no me quejo.

1 comentario en “¿Reinventarse o sobrevivir?

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