La edad está en la cabeza

¿No sin mi almohada?

Un día, hace no mucho, en verano, me encontré metiendo la almohada en la maleta. Me  paré un momento, y pensé ¿no sin mi almohada? ¿qué será lo siguiente?¿las sillas, los cuadros?

Parece una tontería pero creo que indica muy claramente cómo a veces nos aferramos a nuestro mundo, nuestras comodidades. Hasta tal punto, que vamos reduciendo nuestro universo cada vez más a lo que conocemos, a lo que no nos causa stress, a nuestro barrio, nuestro piso… etc. Parece lógico, pero hay que andar con cuidado, eso también te limita.

Con frecuencia se acusa a los seniors de ser poco flexibles, de no saber adaptarse. De obsesionarse con volver a trabajar “en lo que saben”. Seguro que a algunos les ocurre, pero también conozco personas que han nacido viejas. Gente que desde que tiene uso de razón está deseando reproducir la vida de sus padres. Y son muchos, a veces hasta crean partidos políticos en contra de todo cambio, o aún peor a favor de la vuelta atrás.

La edad está en la cabeza. La vejez no es más que la ausencia de deseo, dejar de desear hacer cosas o enfrentar incertidumbres. Aunque luego el cuerpo acompañe poco, hay que darle un poco de marcha para que no se atasque, y cambiar de ritmo físico y mental.

Después de muchos años trabajando en un mismo empleo es muy probable que tengamos algunas rutinas muy interiorizadas, algunas personas cambian de empresa e insisten en llevarse los procedimientos de la antigua a la nueva, donde muchas veces ya no tienen sitio. Es, como cuando esos novios despechados siguen llamando a la novia para pedirle que vuelvan, -“¡con lo bien que estábamos!”-

Como digo, esto no sólo ocurre a los seniors, muchos millenials están también inmersos en sus rutinas y manías, en su mundo exclusivo joven, y eso precisamente les hace extrañar las de los seniors. Para los departamentos de recursos humanos, resulta mucho más cómodo lidiar con una plantilla de personas con edades y manías parecidas. Ellos también caen en la rutina y no quieren romperse la cabeza para encajar una plantilla diversa, cuando en realidad se estimularían unos a otros. De hecho, el auge del “vintage” debería trasladarse a la empresa, ¡seríamos los amos!

Creo que todos deberíamos hacer un esfuerzo y dejar nuestros “mantras” detrás y salir al mundo deseando ver algo nuevo.

A veces hay que pararse y preguntarse: ¿yo quien era antes de ser yo? y  buscar un cambio, romper y encontrar una segunda juventud, aunque nos toque ir un poco más despacio, con más cuidado.

La edad está en la cabeza
La edad está en la cabeza

 

La sociedad y el mundo que conocíamos ya no existe, ha cambiado. Antes había tres edades, la infancia, la madurez y la vejez, luego se incorporó la adolescencia y la tercera edad. Ahora la cuarta edad es un hecho. Nosotros sólo estamos en la madurez, aún queda mucho camino. Lo más difícil será, me temo, convencer a los de recursos humanos para que nos acompañen en este cambio social.

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